martes, 29 de diciembre de 2009

Y después de días de calvario, donde todo se veía envuelto por un agujero negro que absorbía mi ser, he vuelto a conciliar la calma, a pensar en frío, a recapacitar los hechos vividos.
Tal vez faltase algo que ninguno de los dos pudiera proporcionar, un vacío que no se puede llenar tan fácilmente.
Ahora simplemente no creo que mi vida se resuma en eso, una experiencia con la que me obsesioné de tal manera que solo busco esa especia que falta, la pizca de sal que puede ser lo que nos llene por completo y así poder estar juntos.
Se que no es gran cosa lo que aquí escribo, y muchos tal vez no puedan entenderlo, pero la magia que surge en el instante preciso de una noche con aroma tibio puede llegar ha hacerme pensar que no merece la pena poner etiquetas a todo. Que hay cosas inexplicables y pensamientos que no tiene porque ser los que todos consideran “apropiados”.

Que lo apropiado a veces resulta caótico y extresante y yo de eso entiendo.
Tal vez un día llegue a ser lo que todos esperan de mi, una chica con una gran carrera, un gran trabajo y un hombre con un gran futuro a mi lado.

Y es que lo grande resulta pesado y las mejores fragancias vienen en frascos pequeños.
Pero a mi me gustaría ser lo que sienta en cada momento, una persona con libre pensamiento e ideas claras por muy diferentes que sean a las que tengan los demás.
Tengo la capacidad de ver las cosas de una manera diferente. Sí, soy una paranoica y una neurótica que a veces se irrita más de la cuenta, pero una vez pasada esa etapa de más o menos 5 horas de duración, soy comprensiva y para bien o para mal suelo perdonarlo todo.
No busco a la persona adecuada para mí. Quizás es porque he perdido demasiado tiempo intentándolo. Por eso ahora no miro el reloj con tanta frecuencia. Ahora me limito a vivir cada instante como si fuera el último. Ese que muchos esperan y pocos le encuentran.

Porque la vida se resume en eso, un gran océano de dudas en el que puedes hundirte, con el simple echo de dejar de nadar.

martes, 8 de diciembre de 2009

No preguntes lo que no quieres que te duela.


Dificil de explicar todo lo que ha sucedido en estos dias.
Preguntas y más preguntas que rondan mi cabeza, cosas que no tengo claras y que prefiero no saber. Se es más feliz cuando confias en alguien sin más. Se es tan feliz que incluso la que sabe que ha sido engañada lo oculta, lo ahoga, lo axfisia. Sabe que así será más feliz.
Soy la persona mas ingenua que existe en el mundo, lo puedo asegurar. Pero cuando alguien me falla no hay más vuelta de hoja. Se acaba todo.
Sin embargo esta vez es distinto, me he dado cuenta de lo que significa querer a alguien, quererlo hasta morir. Porque he echo preguntas con respuestas que duelen y entonces he podido ver la realidad. No somos una pareja de dos, somos él y las demás.
Parece de locos y lo sé. Pero esa es la verdad aunque muchos se engañen.
Y eso hago yo, me engaño porque lo quiero. Más que a nada en este mundo y por mucho daño que me haga se hace notar. Y él sabe como hacerlo y entonces yo me pierdo y empiezan las cosas que no sabemos como definirlas. Los besos de una noche, los abrazos de largos minutos que a su lado se hacen cortos, las caricias y miradas que se desprenden en una noche de amor. Cosas que no adquieren nombre porque ninguno sabemos que nombre darle.
Podría pasar media vida así, sintiendome querida tan solo por momentos. Porque en ese momento olvido todo lo anterior y quizás es mejor así.
Y el día siguiente, lleno de lágrimas que corren en mis mejillas, de largas horas frente al espejo, de charlas con amigas que al final resultan caóticas pero reconfortables.
Miles y miles de escusas y al final siempre la misma historia.
Hay demasiadas personas en la vida como para detenerse en el camino por un grano de arena.
Sin embargo él no es un grano de arena normal, es inmeso, es el que llena vida, es la parte de mi que ahora mismo me falta y que quiero recuperar.
Es esa historia que me gusta que me cuenten y que quiero escuchar siempre.
Es la parte de la película donde el beso eclipsa el paisaje.
Es todo lo que se puede imaginar y por muchos golpes que de la vida, no hay que arrodillarse jamás.
Sé que no esta bien, pero podría perdonarle.